Molina de Aragón, cabeza del Señorío

Al Este de la provincia de Guadalajara.

Giraldo del Convento de S. Francisco
El nombre de la localidad de Molina de Aragón es uno de los fijos en los programas de información meteorológica. Durante los meses de invierno es frecuente ver el nombre de esta pequeña ciudad entre las que registran las temperaturas más bajas de la península Ibérica. No obstante, más allá de esta anécdota, son varios los atractivos turísticos por los que merece la pena acercarse hasta este punto de Castilla la Mancha. Aun así, son muchos los que todavía no la conocen. Aquí os ofrecemos unas cuantas razones por las que la debéis de tener en consideración este destino para alguna de vuestras próximas escapadas de fin de semana.


Castillo-fortaleza de Molina de Aragón.
El monumento más relevante de la ciudad es el Castillo Fortaleza de Molina de los Caballeros. Se trata de una fortaleza con varios recintos amurallados. De ella llama la atención de los visitantes las grandes piedras esquineras de un inconfundible tono rojizo. Sin duda, una de las señas de identidad de esta fortaleza. Para obtener las mejores panorámicas de este castillo hay que acercarse a un mirador situado aproximadamente a un kilómetro siguiendo la carretera que se dirige hacia la provincia de Cuenca. Desde allí, con el caserío en un primer plano, se obtienen las mejores vistas de la fortaleza de Molina de Aragón.

Otro de los iconos de la localidad es el puente viejo sobre el río Gallo. Aunque algunos vecinos lo llaman el puente romano, no es tal. Según los historiadores de la localidad, el puente es del siglo XIII. En él destacan una vez más las piedras rojizas empleadas tanto en su pretil como en los tajamares que separan sus tres ojos. Desde este puente arranca un frondoso paseo junto al río Gallo desde el que se accede a las zonas más hermosas de la población: la judería y el barrio moro. Calles estrechas y casas que en altura parecen querer ganar espacio a costa de la calle nos recuerdan por momentos a la población turolense de Albarracín.
Puente viejo de Molina de Aragón sobre el río Gallo.
Recorriendo el resto de la población uno se encuentra con una parte de la ciudad que ha sabido conservar su sabor histórico frente a otra zona en la que un progreso mal entendido nos ha legado algún disparate urbanístico. Aun así, es posible disfrutar de ciertos edificios significativos como el convento de san Francisco, coronado por un Giraldo, o las iglesias de Santa María o la de Santa Clara. Codeándose con estos edificios religiosos, casas solariegas intentan mantener todavía su pasada gallardía.
Uno de los hermosos rincones que encontramos en Molina de Aragón.
Más allá de los atractivos turísticos que posee el casco urbano de la población, Molina de Aragón es considerada, junto a Beteta, en la provincia de Cuenca, una de las puertas de entrada al Parque Natural del Alto Tajo. Los parajes espectaculares de este parque Natural son el reclamo de muchos de los visitantes que se acercan hasta esta población de Guadalajara. Una atención especial hay que dedicar al Barranco de la Virgen de la Hoz, un rincón en el que la naturaleza se muestra coqueta situado a apenas once kilómetros.

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