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Castillo de Coca

El ladrillo hecho fortaleza.

El Castillo de Coca se localiza en la población del mismo nombre, en la provincia de Segovia, a apenas cincuenta kilómetros de la capital. Habiéndose utilizado el ladrillo como principal material en su construcción, ofrece una decoración gótico mudéjar muy interesante. Se dice de él que es la construcción militar más importante de España de este estilo. El edificio está perfectamente restaurado siendo utilizado actualmente como un centro de enseñanza. Aun así, admite visitas turísticas. La imagen más interesante es la que ofrece hacia el exterior.

Castillo de Cuéllar, en la provincia de Segovia.

De morada de los Duques de Alburquerque a Instituto de Enseñanza Secundaria.

Uno de los eslóganes pacifistas más repetidos a lo largo de la historia es el de "menos armas y más libros". Pues bien, del castillo de Cuéllar, ubicado al noroeste de la provincia de Segovia, bien podríamos decir, tomando como referente el eslogan anterior, que es un castillo pacifista. Esas dependencias donde antaño moraban soldados, ahora han sido reconvertidas en aulas en las que alumnos de secundaria se instruyen. Aunque si somos justos con sus orígenes, esta fortaleza no fue pensada con ánimos belicosos, sino más bien como estancia palaciega de sus moradores.

Castillo de la Mota, en Medina del Campo.

Ladrillos contra artillería.

Castillo de la Mota.
Recorriendo los pueblos vallisoletanos se puede comprobar que nos encontramos en una de las tierras más prolijas en edificaciones militares. Hasta tal punto esto es así,  que bien podemos afirmar que Valladolid es una de las provincias de España que más castillos conserva. Algunos de ellos muy espectaculares. Los hay de diferentes épocas, con fisonomías bien distintas y con dispares estados de conservación. Uno de los mejor conservados, y como consecuencia lógica, uno de los más visitados, es el de La Mota, en la localidad de Medina del Campo.

El castillo de Íscar acoge a "La Loca Juana".

La reina de las cervezas artesanales.

Castillo de Íscar, Valladolid.
La provincia de Valladolid es tierra de castillos y de vino; de buen vino. Los castillos, otrora lugares de leyendas, cuentos y cuantas historias quiera crear nuestra imaginación, es ahora el vivo recuerdo de un pasado glorioso. Un pasado de señores y caballeros que con sus fortalezas, no solo asentaron su dominio, sino que dieron nombre a una región. El vino vallisoletano tiene varios nombres propios; Ribera del Duero, con sus buenos tintos, Rueda, de prestigiosos blancos, Cigales, conocido por sus rodados, y Toro, que aunque de refilón, también está representado en la provincia. Pero también tiene, aunque muchos no lo sepan, cerveza artesanal como "La Loca Juana", que además de nombre muy castellano, nace de las entrañas de un castillo: el de Íscar.

Castillo de Peñafiel.

Un buque pétreo anclado en tierras Castellanas.

Entrada al Castillo de Peñafiel.
El castillo de Peñafiel, en la provincia de Valladolid, no es el primero cuya estructura es asimilada a la del cascarón de un barco. Tampoco será el último. Pero lo cierto es que en pocas ocasiones, como en ésta, la comparación puede ser más acertada. Posee una planta alargada y estrecha. Uno de los extremos, el norte, termina en una pequeña torrecilla cuan si de la proa de un navío se tratara. La planta en el extremo contrario, en cambio es achatada, como la popa que deja tras de sí una estala blanca en los mares que surca. En medio, en la zona más ancha que apenas alcanza los 35 metros, frente a los 210 de largo, se yergue vigilante, del mismo modo que la cabina de mando, la torre del homenaje.

Castillo románico de Loarre, en la provincia de Huesca.

Un escenario de película.

Capitel del castillo de Loarre
El Castillo de Loarre, en la provincia de Huesca, ofrece una estampa magnífica. Tal es así, que ha sido utilizado en más de una ocasión como localización para el rodaje de películas cinematográficas, series de televisión y anuncios publicitarios. Fue construido en un emplazamiento que lo hacía prácticamente inexpugnable. Con el paso del tiempo se convirtió en monasterio y, pese a que ha perdido sus funciones originales, está lo acertadamente restaurado como para ser considerado uno de los reclamos turísticos más relevantes del norte de Aragón. Estamos seguros de que la visita a esta fortaleza no defraudará a ningún viajero.

Castillo de Belalcázar.

Una fortaleza que da nombre a la población.

Castillo de Belalcázar, Córdoba
Al norte de la provincia de Córdoba, donde si andas un poco hacia el noroeste te topas con Extremadura, y si te diriges al noreste enseguida te adentras en Ciudad Real, encontramos uno de los castillos más llamativos, no solo de la provincia, sino también de toda Andalucía. Es el castillo de los Sotomayor Zúñiga, aunque todos le conocen como el castillo de Belalcázar. Cuando el viajero se dirige hacia la localidad, ya ha visto la estampa de esta fortaleza reproducida en varios impresos, pero hasta que no se enfrenta a ella, no es consciente de la envergadura y belleza de este castillo que es, con diferencia, la construcción señera de esta población cordobesa.

La Alcazaba de Almería es la mayor fortaleza musulmana de España.

Iniciada en el siglo X por Abderramán III.

Alcazaba de Almería.
Cuando se escucha el nombre de Almería y se está hablando de turismo, seguramente se esté platicando del Parque Natural del Cabo de Gata, o del Desierto de Tabernas, donde se rodaron algunos de los largometrajes del Oeste, o de las limpias playas que bañan algunos de los municipios que ya se han hecho un hueco en el mapa del turismo de sol y playa: Mojácar, Roquetas de Mar, Vera.... Pero en la provincia de Almería, y más concretamente en su capital, se localizan otros lugares que también merecen la pena ser conocidos. Un buen ejemplo es la Alcazaba de Almería, considerada la mayor fortaleza que durante la dominación musulmana se construyó en la Península Ibérica.

Castillo de Butrón, en el municipio de Gatika, Vizcaya.

Toda una sorpresa en la comarca de Uribe.

Castillo de Butrón, Gatika, Vizcaya.
Cuando uno emprende un viaje a un lugar que nunca antes había visitado, siempre intenta documentarse, en mayor o menor medida, sobre aquellos elementos de interés turístico con los que se va a encontrar. De ese modo, cuando se enfrenta ante los paisajes y los monumentos, la imaginación ya los tiene en parte digeridos. Pero sucede en ocasiones que en esta preparación previa se escapan ciertas estampas. Es así que cuando el viajero las contempla  in situ, suponen una agradable sorpresa. Pues bien, algo así fue lo que nos sucedió cuando durante un viaje a Euskadi nos encontramos frente al castillo de Butrón, en la localidad vizcaína de Gatika.

El Alcázar de Segovia.

Una fortaleza de aires centroeuropeos en la Meseta Castellana.


Alcázar de Segovia.
El Alcázar es uno de los edificios más singulares de la ciudad de Segovia. No obstante, dada la majestuosidad que presenta la estampa bimilenaria del Acueducto, el Alcázar ha quedado relegado a un segundo plano. Gran injusticia ésta ya que este castillo, en cualquier otra ciudad, sería altamente venerado por sus conciudadanos. Pero claro, el Acueducto es mucho acueducto, y vivir a su sombra no siempre es fácil. Aun así, pese a los envites del tiempo, su imagen altiva nos traslada a otras épocas. Incluso me atrevería a decir que a otros lugares, pues su imagen, por muy vista que la tengamos, nos resulta extraña en las sobrias tierras castellanas.

Castillo de Lorca, también conocido como La Fortaleza del Sol.

Un superviviente del tiempo, y del terremoto.

Torre Alfonsina del Castillo de Lorca.
La tarde del 11 de mayo de 2011 los medios de comunicación nos anunciaban que un terrorífico terremoto había sacudido a la ciudad murciana de Lorca. Nueve muertos, cientos de heridos y numerosos edificios que tuvieron que ser derribados posteriormente fueron sus dramáticas consecuencias de aquel seismo. Entre los edificios afectados se encontraba la Fortaleza del Sol, nombre con el que se le conoce al castillo milenario que preside desde una posición elevada la ciudad de Lorca. Con no poco esfuerzo, se ha logrado recuperar la construcción que, por otro lado, ha sabido sobrevivir al inclemente paso de los siglos, lo cual, a juzgar por el ruinoso estado en el que se encuentran numerosos castillos por toda España, tiene más mérito si cabe que el haber resistido al duro envite del rugir terrestre.

Castillo de Arévalo.

Renacido airoso sobre sus ruinas pasadas.

Detalle del castillo de Arévalo.
Cuando uno se topa ante la estampa reconstruida del hermoso castillo de la ciudad abulense de Arévalo, enseguida le viene a la memoria la ingente cantidad de castillos, torres, monasterios y demás patrimonio que está siendo pasto de la inclemente vorágine destructora del paso del tiempo. Unos edificios que están viendo caer sus muros al tiempo que esas administraciones que debieran ser guardianes de su supervivencia se dedican a contratar a arquitectos que proyectan, previo pago de cantidades desorbitadas de dinero, complejos urbanísticos de dudosa utilidad. El castillo de Árévalo tuvo mejor suerte y fue reconstruido a partir de las ruinas a las que le llevo la desidia de sus últimos moradores y el olvido en el que cayó posteriormente. Tras su reconstrucción se ha convertido en uno de los iconos más representativos de la ciudad, al tiempo que foco cultural.

Villa de Oropesa

Aires medievales a los pies del palacio.

Torre del Homenaje de castillo.
Al oeste de la provincia de Toledo, junto a la carretera que une Madrid con Extremadura se yergue altiva y orgullosa la villa medieval de Oropesa. Desde la autovía el viajero percibe la monumentalidad de la villa a través de la estampa recortada sobre el horizonte que ofrecen el castillo y el Palacio Ducal, transformado este último en Parador de Turismo. Cuando uno lee los folletos turísticos descubre que el Parador de Oropesa presume de ser el primero en establecerse en un edificio histórico. Ante semejante imagen, no resulta fácil resistirse a la tentación de ascender por la serpenteante carretera hasta el corazón de esta villa toledana.

Castillo de Manzanares el Real.

Una fortaleza muy fotogénica.

Puerta del Castillo de los Mendoza.
El castillo de los Mendoza, que así es como se llama la bella fortaleza ubicada en la población madrileña de Manzanares el Real, pasa por ser la más bella de la Comunidad de Madrid y una de las más hermosas y fotogénicas de la península. Se comenzó a construir en el siglo XV, y más concretamente en el año 1475, siendo su promotor don Diego Hurtado de Mendoza, primer duque del Infantado. Para su construcción se respetó una antigua ermita que quedó integrada como capilla. Parte de las piedras utilizadas en sus muros procedían del antiguo castillo que la familia poseía en la localidad y de la que aún se conservan algunos restos.

Castillo alicantino de Santa Bárbara.

Fortaleza estratégica en la cima del Benacantil.


Garita en el castillo de Sta. Bárbara.
 La capital de la Costa Blanca, además de ofrecer a sus visitantes sol y playa, también tiene arte, historia y cultura. El castillo de Santa Bárbara es un buen exponente de ello. La arquitectura militar se ha ido adaptando, con el paso de los siglos, a la superficie escarpada de la cima del monte Benacantil.  Esta construcción, situada a 166 metros sobre el nivel del mar, tiene sus orígenes en el siglo IX, en tiempos de la dominación musulmana. No obstante, casi todas las dependencias actuales corresponden al siglo XVI, siendo el Rey Felipe II su promotor. En algunas de estas dependencias podrás ver exposiciones temporales de pintura o escultura.

Ciudad medieval de Olite.

Palacios, castillos e iglesias nos transportan a siglos pasados.

Si no fuera por haberse reproducido hasta la saciedad en infinidad de documentos la imagen del castillo-palacio gótico de Olite , el viajero que se acercara por primera vez hasta esta población navarra se llevaría una sorpresa mayúscula. La estampa altiva de las múltiples torres del castillo recortando el horizonte transportan la imaginación a los tiempos de los lances caballerescos de la corte del rey Carlos III el Noble, principal promotor de la obra.

El encanto de Peñíscola.

De la pesca al turismo. 

Calle típica de Peñíscola.
Hablar de Peñíscola es, para la gran mayoría, hablar de otro destino más de sol y playa. En parte no es errónea esta percepción de este pueblo castellonense. Digo en parte porque si bien es cierto que el sol y la playa son los principales reclamos de este destino, también tiene otro motivo que le convierten en un destino diferenciado. Este motivo al que me refiero es el casco viejo encaramado en la península que le da nombre al pueblo. Se trata de un entramado de callejuelas estrechas e irregulares que se retuercen a la vera del castillo-palacio del Papa Luna.