Un paseo por Gerona.

La ribera del Onyar.

Casco Histórico de Gerona.
Es necesario viajar hasta el noreste de la península Ibérica para encontrarnos una agadable sorpresa en la ciudad de Gerona. No es una, sino muchas las razones que puden impulsar al viajero curioso la visita a esta pequeña ciudad Catalana. Historia, naturaleza, arte y cultura son son solo algunos de los argumentos que se aunan para ofrecer al turista un grato recuerdo de su estancia en la ciudad. Un recuerdo que no será sino el incipiente nuevo deseo de regresar lo más pronto posible al rincón nororiental de España que tiene como telón de fondo la estampa de la cordillera pirenaica.

 La heroica resistencia que la población opuso al cerco a la que fue sometida la ciudad por parte de las tropas francesas durante la guerra de la independencia es, posiblemente, la página más conocida que Gerona ha dejado escrita en el libro de la historia. Testimonio de dicho evento son las murallas que, si bien no ofrecen una estampa tan fotogénica como la que nos ofrecen otros lugares de España, ofrecen por sus almenas un grato paseo en el que compaginar las bellas vistas de las montañas nevadas en el horizonte junto al recuerdo de su heroica resistencia, que tan bien nos narra Galdós en sus Episodios Nacionales.
Ribera del río Onyar.
Y si historia rezuman las murallas, no le van a la zaga las piedras del Call, o barrio judio. El de Gerona es uno de los más importantes barrios judíos y, además, de los mejor conservados de toda España. El intrincado dédalo de callejuelas empedradas llenan el casco viejo de la ciudad de altas dosis de romanticismo.
Rincón de la ciudad de Gerona.
 Pero para romanticismo, he de destacar la zona de la ciudad a la que le tengo mayor aprecio: las casas apiñadas a la orilla del río Onyar. Justo antes de que éste vierta sus aguas al más caudaloso río Ter, el Onyar ofrece al viajero la que considero estampa más hermosa de la ciudad. Edificios multicolores y con anárquicas formas geométricas forman ante la retina del ojo un armonioso conjunto urbano.

Plaza de la Independencia.
Tras cualquier visita cultural, el cuerpo humano pide reposo y buen yantar. Para estos menesteres mi propuesta es ir a la plaza de la Independencia en la que, si el tiempo acompaña, unas agradables terrazas invitan al descanso. En esta plaza son muchos los establecimientos hosteleros dispuestos a saciar el hambre del viajero. Dedique un poco de tiempo a escoger aquel que mejor se adecúe a su apetito y bolsillo, y el recuerdo que se llevará de esta ciudad catalana será de los que tarde en olvidar.

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