Monasterio de Guadalupe.

Una joya escondida en las Villuercas.

Calle en la Puebla de Guadalupe.
Escondida y protegida por las abruptas tierras de la comarca de las Villuercas, al este de la provincia de Cáceres, se encuentra la localidad de Guadalupe. Una localidad que vive por y para el Monasterio. Llegar hasta allí resulta algo incómodo pues, aunque las carreteras están en buen esado, y sería injusto quejarnos de ellas, no dejan de ser vías de montaña en las que el vaivén de las constantes curvas se convierte en un compañero inseparable del viaje. No obstante, las dificultades que puedas encontrar en el camino están sobradamente recompensadas con la belleza del lugar.


El Real Monasterio de Santa María de Guadalupe, pese a eso de la globalización y de la sociedad de la información, no es demasiado conocido más allá de las fronteras extremeñas. O a mi me da la impresión que, al menos, no es tan conocido como lo fue antaño y como lo debiera de ser hoy en día. No olvidemos que el nombre de Guadalupe ha sido exportado a no pocos lugares del otro lado del Atlántico. Incluso la tradición cuenta que los primeros indios que colón trajo a su regreso de América, fueron llevados hasta esta localidad para ser bautizados en la fuente de la plaza, frente a las puertas monacales.
Fachada principal del Monasterio de Guadalupe, Cáceres.
Los tesoros que alberga el monasterio son innumerables, ya sean arquitectónicos, escultóricos o pictóricos. También hay que destacar el valor intangible de la Virgen de Guadalupe que es el principal foco espiritual de toda Extremadura. Toda esta riqueza patrimonial le valió para que ya en el siglo XIX, y más concretamente en el año 1879, fuese declarado Monumento Nacional. Incluso la Unesco puso aquí sus ojos declarándolo Patrimonio de la Humanidad en 1993. Tanta es la magestuosidad del monasterio que la Puebla de Guadalupe queda injustamete relegada a un segundo plano. Dedica un poco de tiempo a pasear por las estrechas calles y déjate sorprender por las joyas de la arquitectura popular decorada con los coloridos geranios.

Patio interior del monasterio.
Un lugar como éste merece ser visitado con calma, algo que no te va a resultar difícil, ya que la paz interior del monasterio transciende los gruesos muros e inunda las viejas calles de la Puebla. Así pues, te recomiendo que te tomes tu tiempo y que descanses en alguno de los muchos y muy buenos establecimientos que allí hallarás. Entre esos establecimientos hay dos que, por su especial interés, quiero destacar aquí. Uno de ellos es el Parador de Turismo, ubicado en el antiguo hospital de Nobles, cuyos patios ajardinados invitan al sosiego. El otro establecimiento que te recomiendo, algo más económico, pero en el que se respira una solemne austeridad, es la Hospedería del Monasterio.
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