Chinchilla y sus casas cueva.

El mirador de la mancha.

Pateluz de Sta. María.
Erguida sobre un cerro, la población albaceteña de Chinchilla de Montearagón -que así se apellida- domina una extensa superficie de la inmensa llanura manchega. Desde su ubicación el viajero obtiene una panorámica soberbia con la que poder entender los viajes que don Quijote, en su afán de aventuras caballerescas, realizó por estas tierras de la meseta sur. En un primer plano vemos la ciudad de Albacete, a poco más de diez kilómetros, tumbada al inclemente sol del estío. Pero la vista alcanza mucho más allá. Hacia el sur, en el horizonte, se perciben con bastante claridad algunos de los montes que conforman la sierra de Alcaraz.

Ayuntamiento de Chinchilla de Montearagón. Albacete.
Los orígenes de esta población, que llegó a ser capital de provincia, se remontan muchos siglos atrás. De ahí que la historia local esté plagada de hitos de gran relevancia para el devenir de España. Fruto de esa importancia histórica es el rico patrimonio monumental que se conserva. De entre todos los monumentos, el más destacable es, sin duda alguna, el castillo que corona el caserío. Aledaños al castillo el viajero puede ver importantes lienzos de muralla que se encuentran en un precario estado de conservación. Aún así, no resulta difícil imaginarse el valor estratégico que esta fortificación pudo tener en tiempos pasados.
Detalle de una calle de Chinchilla de Montearagón.
La vida social de la población gira en torno a la Plaza de la Mancha que, pese a lo que podríamos intuir por su nombre, no es llana, sino que presenta un importante desnivel. Allí se dan cita el fotogénico edificio del Ayuntamiento, la torre del reloj, y una de las fachadas de la iglesia Arciprestal de Santa María del Salvador. Esta plaza es utilizada como aparcamiento por vecinos y turistas, lo cual queda muy poco estético. Cada vez que regreso a esta ciudad lo hago con la esperanza de que las autoridades municipales hayan prohibido el estacionamiento de vehículos en dicho recinto. Pero tras mi última visita, he de afirmar con pena que eso todavía no ha ocurrido.
Torre del reloj de Chinchilla.
Un capítulo muy especial de esta población es aquel que se refiere a las casas cueva. Del mismo modo que ocurre en la población granadina de Guadix, numerosas casas se han excavado con métodos tradicionales bajo la tierra para aprovechar tanto la frescura durante los calurosos días de verano como el calor invernal que ofrecen este tipo de construcciones. Abandonadas muchas de ellas, se están revalorizando nuevamente, aunque todavía muy lejos del valor que por justicia les corresponde. Algunas de estas casas cueva rehabilitadas han sido ocupadas por artesanos que, además de la funcionalidad, llenan de color sus habitáculos.
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