El Delta del Ebro.

Territorio que aúna la protección de un Parque Natural con el cultivo del arroz y el turismo.

Barco del Delta del Ebro.
El Delta del Ebro constituye un espacio de unos 320 kilómetros cuadrados de tierra que el río Ebro le ha ganado al mar a través de los sedimentos arrastrados, durante millones de años, por sus aguas, y las de sus afluentes, desde la Cordillera Cantábrica, los Pirineos y el Sistema Ibérico. Se trata del segundo delta más importante del Mediterráneo tras el del Nilo. En los últimos años, como consecuencia de la construcción de algunas presas, especialmente la de Mequinenza, se ha invertido el proceso y es el mar el que le está comiendo terreno al delta. Tal es así que un antiguo faro ha quedado sumergido bajo las aguas marinas.

Pasarela en el Parque Natural del Delta del Ebro.

Del total de la superficie del Delta del Ebro, apoximadamente un 20% constituyen espacios naturales. Más concretamente, son 7736 hectáreas las que forman actualmente el Parque Natural del Delta del Ebro que fue creado en 1983 y ampliado tres años después. Es la zona húmeda más importante de España tras el Parque Nacional de Doñana. En sus lagunas pueden verse una importante fauna avícola que, bien de forma permanente, bien de forma estacional dentro del proceso migratorio, utilizan este espacio para alimentarse o reproducirse.
Pequeña barca amarrada en el orilla del río.

La agricultura, y muy especialmente el cultivo del arroz, constituye la otra gran seña de identidad del Delta del Ebro. Buena parte de la planicie del delta está cubierta de arrozales que son inundados por el agua que fluye por los canales que discurren junto a las carreteras de interminables rectas. Dependiendo de la época del año en la que visites la región, estos mostrarán uno u otro color. La extensión de este cultivo ha supuesto un gran impacto ambiental. Por un lado, se ha convertido en una gran base de alimentos para la fauna, no obstante, el uso intensivo de abonos e insecticidas supone una fuente de contaminantes. En alguna guía he leído que las aves del Delta del Ebro han adaptado su ciclo reproductivo al ciclo de crecimiento del arroz.
El agua del mar se mezcla con la del Ebro en su desembocadura.

Al tratarse del litoral mediterráneo, como cabe esperar, el turismo en la zona también es masivo. Solo las áreas protegidas, en las que el viajero ha de calzarse las botas de andar, está un poco menos saturado. Sin duda, merece la pena acercarse por alguna de las lagunas en las que pueden avistarse las bandadas de aves acuáticas para llevarse en la retina una imagen de lo que representa el Delta del Ebro. También es recomendable un paseo en alguno de los barcos que navegan por el último tramo del río, hasta la isla de Buda. En Deltebre o en Riumar encontraréis embarcaderos. Una advertencia importante, cuidado con los paseos al amanecer o al anochecer. Es la hora en la que los mosquitos "salen de caza".

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