Pedraza, plaza con solera.

Música a la luz de las velas.

Pintor en una calle de Pedraza.
En la vertiente septentrional de la Sierra de Guadarrama se halla uno de los pueblos más hermosos de la geografía segoviana. Incluso podríamos decir sin riego de exagerar que estamos ante uno de los pueblos más bellos que podemos encontrarnos a lo largo y ancho de España. Estamos hablando de Pedraza de la Sierra. La meseta sobre la que se yergue la población está bordeada por los arroyos de Batanes y San Miguel, afluentes del río Cega, y protegida por una muralla medieval que deja como único acceso la Puerta de la Villa. Esta puerta, que hasta no hace demasiados años se cerraba por las noches, era, y sigue siendo, el único acceso a la población. Por lo tanto, por ella entrarás y por ella te despedirás de esta joya medieval.




Plaza Mayor de Pedraza de la Sierra, en Segovia.


Un paseo por las calles de esta localidad serrana te mostrará sus casas blasonadas que se construyeron los ganaderos enriquecidos con la bonanza económica que durante siglos ofreció la Mesta en Castilla. Hoy en día, algunas de esas casas se han convertido en cuidados establecimientos hosteleros que acogen cada fin de semana a la oleada de turistas que hasta aquí se acercan.

Puerta de la villa, y junto a ella la Cárcel de la villa.


Destaca con luz propia la Plaza Mayor. Se trata de una plaza amplia, muy amplia, en la que los edificios que la conforman muestran en sus formas desiguales un conjunto perfectamente armónico. Sentado en una de las terrazas de las tascas que allí abren sus puertas, el viajero puede disfrutar de la paz y el sosiego que se respira en esta plaza que, por sí sola, merece el reconocimiento que se le dio a toda la villa cuando fue declarada Conjunto Monumental en 1951.

Haciendo un descanso en la Plaza Mayor de Pedraza, Segovia.


Muchas más cosas se podrían decir de Pedraza, que es miembro de la Red de Ciudades y Villas Medievales, por la que merecería la pena conocerla. Pero aquí solo haremos referencia a dos más. La primera de ellas es el recio Castillo que adquiriera en 1926 el pintor Ignacio Zuloaga, que ocupa una de las vertientes de la meseta. La segunda son los conciertos de las velas que, cada verano, congrega a numerosos personas para disfrutar de la música -nunca mejor dicho- a la luz de las velas. Se trata de una interesante iniciativa que, dado su éxito, está perfectamente consolidada en el panorama de los conciertos musicales que durante el verano se celebran por toda España.

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