Alarcón, el pueblo más bonito de Cuenca.

Posee uno de los paradores más coquetos de la red.

La pequeña villa de Alarcón se asienta sobre un meandro perfectamente marcado por el río Júcar, a una elevación considerable de su cauce. Un enclave realmente privilegiado desde una perspectiva defensiva. Por ello no es de extrañar que este lugar estuviese poblado desde antiguo. Así lo indica el propio nombre cuya etimología árabe significa "la fortaleza". Se intuye también observando el soberbio castillo que, aunque totalmente reconstruido tras la reconquista, el origen de sus primeras piedras también hay que buscarlo en la época en la que estas tierras estaban bajo el dominio musulmán.


La localidad actual, situada al sur de la provincia de Cuenca, apenas supera el centenar de habitantes, pero paseando por sus calles enseguida se deduce que vivió tempos más prósperos. Hasta cuatro iglesias se conservan intramuros en las que, si bien ahora faltan feligreses para llenar una, seguro que en otros tiempos estaba vivo el culto en todas ellas.

En un extremo de la localidad se halla el castillo del otrora poderoso Marqués de Villena que, con el devenir de los tiempos, se ha reconvertido en un lujoso Parador de Turismo. En esta fortaleza residió, entre otros personajes ilustres, el Infante don Juan Manuel, autor de los clásicos cuentos de El Conde Lucanor. De ahí que la principal plaza del pueblo esté bautizada con el nombre de Infante don Juan Manuel.

En la citada plaza, además del Palacio del Concejo, actual ayuntamiento, se encuentra la iglesia de  San Juan Bautista. Esta, tras ser desacralizada, se ha convertido en una extraordinaria sala de arte en la que se puede disfrutar con las maravillosas pinturas murales de Jesús Mateo.

Pero la iglesia más relevante es la de Santa María, que fue declarada Monumento Nacional en 1981. A ella se accede a través de una bella portada renacentista.  En su interior se puede contemplar una joya del arte eclesiástico: el retablo del altar mayor, del siglo XVI. De la iglesia de la Santa Trinidad, aunque no es tan importante, también se debe destacar una bella portada plateresca. Por último, la de Santo Domingo completa este repertorio de templos que enriquecen tan diminuto lugar.

Pese a la extraordinaria orografía que configura una gran defensa natural, además del castillo, se conservan otras estructuras militares levantadas por sus pobladores a lo largo de los siglos. La puerta y torre del Campo o la Puerta del Calabozo son algunas de ellas. Aunque para comprender mejor la inexpugnabilidad de la villa hay que cruzar al otro lado del río Júcar y admirar la inconfundible estampa con el castillo parador en primer plano. Todo un icono del patrimonio cultural español.

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