La Plaza de Segovia es la joya de Navalcarnero.

A solo treinta kilómetros de Madrid.

El pueblo madrileño de Navalcarnero, situado a unos 30 kilómetros de la capital, es famoso por su Plaza Mayor, que en este caso se llama Plaza de Segovia. Pero una vista a esta localidad no debe reducirse a este recinto, por mucho que lo merezca. Un paseo por las calles aledañas mostrará al visitante el esmero puesto, tanto por las autoridades municipales como por los propios navalcarnereños, en  adecentar los espacios públicos. Mención especial debe tener la iglesia de Nuestra Señora de la Asunción.


Navalcarnero se localiza al suroeste de Madrid, junto a la autovía A5. Pese a que su padrón supera con creces los veinticinco mil habitantes, al llegar a Plaza de Segovia se percibe ese ambiente propio de los pequeños pueblos. Edificios de una o dos plantas, con soportales y un trazado irregular propio de esas plazas que se han ido configurando lentamente.


Un viajero curioso no dejará de preguntarse el porqué del nombre de esta plaza de Navalcarnero. La respuesta hay que buscarla en la historia local. El pueblo fue fundado un 10 de octubre de 1499 por los gobernantes de Segovia para asegurarse los dominios pertenecientes a la Comunidad de  Villa y Tierra. No fue hasta 1627 que la villa compró a la Corona su independencia de la ciudad castellana.

Unos años más tarde, en 1649, Navalcarnero vivió un momento histórico. Aquí se celebró la boda entre Felipe IV y su sobrina Mariana de Austria. Así pues, en este modesto pueblo madrileño pueden presumir de contar en su historia con una boda real.


Por una de las bocas de la Plaza de Segovia se accede al la Iglesia de Nuestra Señora de la Asunción, del siglo XVI. Una construcción sin excesivas pretensiones, pero las suficientes como para ser declarada Monumento Histórico Artístico. Sus chapiteles de pizarra ya intuyen un barroco que se encuentra mucho mejor representado en alguno de los dorados retablos que se pueden contemplar en su interior.


Recorriendo las calles aledañas a la Plaza de Segovia, el visitante puede observar como todo está muy cuidado. A lo largo del recorrido se topará con varias fuentes y curiosas estatuas estratégicamente situadas en los rincones que van dejando las calles adoquinadas. Rejas de forja, fachadas con trampantojos, muros de ladrillo de barro con dinteles y aleros de madera, recias puertas de madera con ornamentales aldabas... Hasta el más mínimo detalle está muy cuidado en esta villa. Además, salvo algún verso suelto, las construcciones rara vez superan las dos plantas ofreciendo un conjunto urbano muy armonioso y agradable.

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