Medinaceli, la ciudad del cielo.

El gran tesoro del sur de Soria.

Fachada de Medinaceli.
En lo alto de un promontorio, dominando el valle del río Jalón, el viajero encontrará una de las poblaciones más hermosas y cuidadas de España. Sus pocos vecinos viven principalmente de la riqueza que generan los numerosos turistas que a diario la visitan. Pero para adentrarse en el casco urbano, antes hay que ascender, no sin pocas precauciones, por la sinuosa carretera que, desde la nacional II, nos conduce a la villa de Medinaceli.
Justo antes de recibirnos el conjunto del caserío, declarado justamente conjunto Histórico Artístico, nos da la bienvenida el espectacular arco de triunfo. Este pasa por ser el único arco romano de tres arcadas que podemos encontrarnos en territorio Español. Por él se accedía a la ciudad desde la calzada que unía las ciudades de Mérida y Zaragoza y sus espectaculares dimensiones dan buena fe de la importancia que tenía esta población allá por el siglo segundo de nuestra era, cuando fue construido.


Arcon romano de Medinaceli, Soria.
La Plaza Mayor es un noble ejemplo de plaza castellana. Está configurada por edificios con soportales y palacios blasonados entre los que cabe destacar el Palacio Ducal. Esta plaza se convierte en un singular coso taurino en la noche del sábado más cercano al trece de noviembre. Es la fiesta del Toro Jubilo. Un toro embolado es el gran protagonista de una fiesta que ha llamado la atención de estudiosos y antropólogos de reconocido prestigio.
Plaza Mayor de Medinaceli, Soria.

A la plaza se asoma, por encima de los tejados, la altiva torre de la ex-colegiata de Santa María. Otro monumento a destacar es el convento de Santa Isabel que es el único que se conserva actualmente de los tres que antaño tuvo la población.
Una fachada en la plaza de Medinaceli.
Pero más que este o aquel monumento, hay que elogiar la belleza del conjunto de edificios que conforman la población. Muchas de estas construcciones son, como hemos visto, el rico legado recibido de los antepasados, pero otras, de nueva planta, han sabido conservar la armoniosa sinfonía de muros de piedra con cubiertas de teja árabe. Hay que recorrer todas las callejuelas e inspeccionar todos los rincones para comprobar que aquí nada desentona.
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