Mérida, "Emerita Augusta".

Piedras milenarias que nos recuerdan una bonita historia.

Detalle en el teatro.
Al escribir de la ciudad de Mérida nos vienen a la mente recuerdos, pero también, y quizá con mayor intensidad, un presente que ha hecho justicia tras siglos de olvido. Las ciudades, como las personas, son entes vivos que, con el paso del tiempo, atesoran una serie de experiencias mediante las cuales van configurando su propia personalidad. Siglos atrás, Mérida fue la protagonista de una bonita historia. Durante los tiempos de la colonización romana se erigió en cabeza de una de las grandes provincias del gran Imperio Romano. Pero ese periodo hermoso, como a veces nos sucede a las personas en nuestras experiencias vitales, terminó. El paso del tiempo se mostró ingrato de tal modo que, aquella bonita historia quedó relegada (por no decir olvidada) al texto de los libros de historia. La ciudad vivió entonces unos tiempos de oscuro declive. Tal es así, que ni siquiera conservó la condición de capital de provincia. 


Veinte, nada menos que veinte siglos después, tras la configuración del actual mapa del estado de las autonomías, los extremeños rescataron del olvido aquel hermoso periodo convirtiendo a Mérida en capital de Extremadura. Con esta nueva condición administrativa queda parcialmente saldado el triste devenir de la antaño "Emérita Augusta".  Los recuerdos que dan fe de aquella bonita historia en la que Mérida tuvo una gran relevancia en la época de la romanización, y que marcó culturalmente a toda la península Ibérica, toman forma de restos arqueológicos de primer orden.

Teatro romano de Mérida.
Entre todos los restos arqueológicos el más fotogénico es el soberbio Teatro Romano, que aún sigue cumpliendo su función de espacio de representaciones escénicas durante la celebración del Festival de teatro clásico. Pero no es, ni mucho menos, el único monumento romano a destacar. El Anfiteatro, el Templo de Diana, el Acueducto de los Milagros o el Circo, son solo otros tantos recuerdos de los muchos que se pueden ver diseminados a lo largo de la ciudad. Cada uno de estos monumentos justificaría por sí solo la visita a la capital extremeña.

Museo romano de Mérida.
Pero en Mérida, no solo se han rescatado los recuerdos de aquella a la que llamamos bonita historia, sino que, tomándola como punto de partida, se ha materializado un presente lleno de encanto. En este sentido, en tiempos muy recientes, se ha construido otro importante hito de obligada visita para el viajero. Es el Museo Nacional de Arte Romano, obra del prestigioso arquitecto navarro Rafael Moneo. En su interior se exponen valiosas piezas halladas durante las excavaciones arqueológicas llevadas a cabo en distintos puntos de la ciudad.

Templo de Diana en Mérida.
Para digerir tanta piedra milenaria, y como no solo de recuerdos vive el hombre, en la calle José Ramón Melida numerosos restaurantes os ofertarán el típico menú de turista. Si el tiempo acompaña, es decir, si no hace algo de frío o, sobre todo, demasiado calor, sentase en una terraza es lo ideal.

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4 comentarios:

Anónimo dijo...

Pues sí, es fácil enamorarse de la bonita historia de esta ciudad... sin llegar a saber si seduce más por su pasado inacabado, o por su presente lleno de ilusión...

Jesús Ángel dijo...

Posiblemente ambas cosas por igual.

Anónimo dijo...

Bueno, yo no creo que ambas por igual: es verdad que sin aquel pasado no existiría este presente. Aquel pasado dejó la huella por la que hoy continúa la historia... pero, sin duda, y a falta de saber cómo será el futuro, me quedo con el presente.

Jesús Ángel dijo...

Mucha sensatez hay en tus palabras, pues el presente se puede disfrutar, mientras que el pasado solo son recuerdos. Pero no debemos de ser ingratos con el pasado, sobre todo cuando, como sucede en Mérida, es tan bonito.