Catedral de Cuenca.

Un edificio de inspiración anglo-normando.


El icono más representativo de la ciudad de Cuenca es el de sus Casas Colgadas, que no colgantes. Pero el edificio más monumental que encontrará el viajero recorriendo su intrincado casco histórico es el de la Catedral de Santa María y San Julián, cuya fachada principal da a una irregular Plaza Mayor. Por lo tanto, su visita es imprescindible. Una visita con la que se conocerá su accidentada historia que es tanto o más interesante que los propios tesoros artísticos que alberga entre sus muros. 

La Catedral de Cuenca está dedicada a Santa María y San Julián, éste último fue el tercer obispo de la ciudad por el que los conquenses sienten gran devoción. En su aspecto exterior, salvo la fachada, el edificio ofrece una imagen bastante discreta. Tal es así que sus volúmenes no destacan demasiado entre el resto del caserío. No obstante, al entrar al interior, la percepción cambia bastante. 

Fachada de la Catedral de Cuenca.
El edificio se comenzó a construir en el siglo XII, pocos años después de la reconquista de la ciudad por Alfonso VIII. Los conquenses dicen de ella que es la primera de Castilla en levantarse siguiendo las directrices del estilo gótico. También es cierto que los abulenses atribuyen el mismo privilegio a la de Ávila

Sea una u otra, de la Catedral de Cuenca se dice que es de estilo gótico anglo-normando. Ello es así porque en su construcción trabajaron los canteros que llegaron a la corte castellana acompañando a Leonor de Plantagenet, esposa de Alfonso VIII e hija de Enrique II de Plantagenet. De ahí que en esta pequeña ciudad castellana se puedan encontrarse influencias llegadas tan del norte.

Nave central de la Catedral de Cuenca.
Con el paso de los siglos, esta catedral, como la gran mayoría, sufrió modificaciones y ampliaciones hasta llegar a su estado actual. Entre estas alteraciones destaca la construcción de la doble girola en la cabecera, el claustro herreriano o la el transparente, obra de Ventura Rodríguez. Mención especial merece el Arco de Jamete, de estilo renacentista.

Recorriendo sus naves, al visitante le llamará la atención las vidrieras abstractas que cubren sus ventanales. Una reconstrucción un tanto controvertida que se ejecutó a finales del siglo XX y que, por su originalidad, se han convertido, pese a sus detractores, un uno de los elementos más característicos de este templo.
Triforio de la Catedral de Cuenca.
Pero fue la fachada la que más cambios ha sufrido desde sus inicios. La fachada que ahora puede contemplarse, no es la primera, ni siquiera la segunda que se construyó, sino que es la tercera. Las dos anteriores se hundieron. La actual, de estilo neogótico, se construyó en el siglo XX, tras el derrumbe de la torre y parte de la fachada barroca que tenía en 1902. Durante este colapso fallecieron varios monaguillos que se encontraban tocando las campanas. Pese a lo dramático de la tragedia, sobrevivieron dos de los chavales que estaban en el campanario.

Al mirar la fachada, a cualquier buen observador no le pasa desapercibido que está sin terminar. En el proyecto de reconstrucción había previstas dos torres, una en cada extremo de la fachada. Pero como sucede muchas veces, la falta de presupuesto hizo que se quedara inconclusa. Quién sabe si algún día el proyecto inicial se verá concluido. En cualquier caso, lo que ahora se puede ver es de una extraordinaria belleza.

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