Bolonia, ciudad universitaria de Italia.

Con muchos encantos que visitar.

Bolonia conserva un amplio casco histórico en tono a la gran Plaza Mayor. En ella el viajero puede descubrir numerosos rincones con encanto en el que no faltan canales, iglesias, monasterios, palacios, puertas de entrada a la ciudad, torres y, sobre todo, pórticos. Casi todas las calles de Bolonia están jalonadas por acogedores pórticos en los que refugiarse de las inclemencias meteorológicas.


La ciudad de Bolonia (Bolognia en italiano) es una de las más bonitas de Italia. Con casi 400.000 habitantes, es la capital de la región de Emilia-Romaña. Su universidad es una de las más antiguas del país y, hoy en día, la ciudad sigue conservando ese ambiente estudiantil como una de sus principales señas de identidad.

Desde la perspectiva turística, su principal atractivo es la Plaza Mayor (Piazza Maggiore). Allí se alzan los monumentos más importantes de la ciudad. Pero no hay que correr el riesgo de centrar la visita a la Plaza Mayor. Bolonia tiene mucho que ver. De hecho, cuenta con uno de los conjuntos medievales más extensos de Europa.


En la Plaza Mayor destaca como edificio más emblemático la Basílica de san Petronio. Dicen de ella que es la quinta más grande del mundo. En su fachada principal llama la atención el hecho de que la parte baja está cubierta de mármol mientras que la parte superior está desnuda. Un contraste muy llamativo que, a su vez, la convierte en un templo singular.

Además de la Basílica de san Petronio, en la Piazza  Maggiore abren sus puestas varios palacios. El Palazzio Comunale, construido en el siglo XVI, el Palazzo Banchi y el Palazzo de la Podestà. Otro de los elementos característicos de la Plaza Mayor de Bolonia es la Fuente de Neptuno, coronada con una monumental estatua del dios que le da nombre.

Existe una curiosa anécdota en torno a la Piazza Maggiore de Bolonia. Según una vieja tradición, aquellos estudiantes que la crucen por medio, no aprobarán. Es por ello por lo que, es fácil ver jóvenes bordeando la plaza.


Muy cerca, en una pintoresca plazuela, se yerguen, desafiando las más lógicas reglas de la gravedad, las llamadas Dos Torres. Bolonia es una ciudad en las que sobre los tejados de su casco histórico sobresalen varias torres. De todas ellas, las más famosas son las de Asinelli  y Garisenda. La primera, con casi cien metros de altura, es la más elevada. La segunda, aunque posee la mitad de altura, como la de Pisa, está tan inclinada que no se comprende como todavía sigue en pie.

Las Dos Torres están tan próximas, que parecen enfrascadas en una callada rivalidad por ver cuál es la más majestuosa. En cierto modo, y salvando las distancias, recuerdan el reto eterno al que están sometidas las torres del Tadón y la Trinidad en la localidad de Alcaraz, en Albacete.

Dado que, tal como se ha dicho más arriba, una de las señas de identidad de Bolonia son sus torres, también es recomendable subir a alguna de ellas para obtener una panorámica desde las alturas de la ciudad. Son varias las que permiten esta posibilidad. Una de ellas es la de la Catedral, situada en la vía de la Independenzia.


Otra de las peculiaridades de Bolonia son sus pórticos. Los hay en prácticamente todas las calles. Permiten huir del sol en verano y cubrirse de la lluvia en invierno. Por lo tanto hay que dejarse llevar por la intuición, y al abrigo de los pórticos ir descubriendo todos los rincones de la ciudad.

En un día se puede ver todo lo más interesante que ofrece esta ciudad italiana, pero aquellos que prolonguen su estancia en ella podrán conocerla más a fondo, visitando los museos, conventos y  todas las Puertas que daban acceso al recinto medieval.

Otro punto a parte hay que dedicarle a la gastronomía. Como en tantos otros lugares  de Italia, la pasta y la pizza son las estrellas de su cocina. En este sentido no hay que perderse los Tagliatelle al ragù, posiblemente uno de los platos más típicos.

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