Ermita de San Saturio, en Soria.

Devoción, naturaleza y arte en un mismo espacio.

Escalera de la ermita de San Saturio. 
La ermita de San Saturio, en Soria, es uno de esos lugares de nuestra geografía que aúnan en un mismo y reducido espacio la devoción popular, la naturaleza con sus caprichosas formaciones geológicas y el arte heredado de nuestros antepasados. Por todo ello, San Saturio es lugar de obligada visita, no solo para los sorianos, que le nombraron patrón de la ciudad el 2 de octubre de 1628, sino para todos los viajeros que se acerquen a conocer esta pequeña, pero hermosa, ciudad castellana. Así lo hacen los viajeros del tren Campos de Castilla que, con el omnipresente recuerdo de Antonio Machado, disfrutan de una original forma de acercarse hasta Soria.


Pero, ¿quién fue San Saturio? Pues un noble de la ciudad que allá por el siglo VI decidió retirarse a una cueva situada junto al río Duero para llevar vida de eremita. En esa cueva, sobre la que siglos más tarde se levantó la ermita que ahora conocemos, San Saturio vivió durante 35 años, desde el 536 hasta su muerte acaecida en el año 571. En los últimos años de vida estuvo acompañado por San Prudencio, actual patrón de Álava, que se convirtió en su discípulo.
Ermita de San Saturio, junto al río Duero, en Soria.
El acceso a este espacio mágico se hace desde la cueva para, tras ir pasando por diferentes dependencias, llegar hasta la capilla. En ese recorrido los visitantes irán conociendo las diferentes leyendas con la que la historia ha ido enriqueciendo el lugar. Una de esas leyendas es la que se explica junto a la vidriera que decora una ventana. Cuentan que en 1772, apenas 19 años después de haberse inaugurado la ermita actual, un niño cayó al vacío sin sufrir daño alguno. Desde entonces ese hecho quedó grabado en la memoria popular como el Milagro de la Ventana.

Siguiendo el ascenso, las siguientes salas a visitar son las que ocupaba el santero. Un personaje que ya no existe. La vida un tanto libertina de las últimas personas que ocuparon dicho cargo, uno de los cuales tuvo hasta su momento de gloria en la televisión, provocó que se decidiese suprimir el oficio. Un maniquí, con el correspondiente atuendo, recuerda a este personaje.
Casa del santero en San Saturio, Soria.
Ya en la capilla, los viajeros pueden contemplar un espacio octogonal todo él decorado con pinturas murales. Las pinturas son obra del pintor Juan Zapata y Ferrer. En ellas no falta algún que otro trampantojo que confiere al espacio mayor espectacularidad.
Pinturas murales en la capilla de San Saturio, Soria.
Aun con todo los descrito anteriormente, el mayor atractivo de San Saturio es el lugar en el que está enclavado. A orillas del río Duero, y rodeado por una frondosa vegetación, se respira cierto aire romántico. Por ello también es conocida como la ermita de los enamorados. Hasta Antonio Machado, durante su estancia en la ciudad, quedó sucumbido por sus encantos. He aquí, como prueba de lo afirmado, una estrofa de Campos de Castilla:

He vuelto a ver los álamos dorados, 
álamos del camino en la ribera 
del Duero, entre San Polo y San Saturio, 
tras las murallas viejas 
de Soria —barbacana 
hacia Aragón, en castellana tierra—.

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