Laguna Negra.

Un paraje espectacular de la provincia de Soria.

Laguna Negra, Soria.
La Laguna Negra es uno de los lugares que los viajeros del tren Tierra de Campos tiene la suerte de visitar durante su fin de semana por tierras sorianas. Está ubicada al noroeste de la provincia de Soria, a una altitud de 1753 metros sobre el nivel del mar y forma parte del Parque Natural de la Laguna Negra y los Circos Glaciares de Urbión. Su origen es glaciar y su nombre se debe al reflejo sobre el agua de la vegetación circundante, formada, sobre todo, por pinos albar, cuyas acículas son de un característico color verde oscuro.  Su profundidad apenas supera los ocho metros. Pero más allá de esta descripción objetiva, que por sí solo no dice gran cosa, hay que afirmar que estamos ante uno de los espacios naturales más hermosos que el viajero puede encontrarse a lo largo y ancho de toda Castilla.


Ante pocos lugares nos enfrentaremos en torno al cual se hayan escrito tantas leyendas como las que se cuentan sobre la Laguna Negra. Según una de ellas, esta laguna no tiene fondo, estando comunicadas sus aguas con las del mar a través de conductos subterráneos. ¡Qué pensaría Arquímedes ante semejante afirmación!
Panorámica de la Laguna Negra, Soria.
También relacionada con su profundidad, otra leyenda afirma que en su fondo viven unos seres que devoran todo cuanto cae en ella. Esta sí podría ser una buena explicación para entender lo limpias y transparentes de sus aguas. Aunque evidentemente no es esa la razón.
Vista General de la Laguna Negra. Soria.
Aunque para leyendas sobre la Laguna Negra, ninguna mejor, ni con más valor literario, que la que el gran Antonio Machado nos contó en su obra Campos de Castilla, y más concretamente con el Romance de Alvargonzález.
En torno a la Laguna Negra de Soria se han escrito muchas leyendas.
Alvargonzález, un próspero terrateniente, tuvo tres hijos. Uno de ellos, el menor, consagró su vida a la iglesia, los otros dos, deseosos de heredar las ricas tierras de su padre, no dudaron en acabar con su vida, arrojando el cuerpo al fondo de la laguna. Sucedió entonces que las productivas tierras dejaron de serlo, y los ricos herederos fueron perdiendo su fortuna poco a poco. Arruinados, y arrastrando sobre su conciencia el terrible peso del parricidio cometido, pusieron fin a su vida arrojándose donde antes habían tirado el cuerpo de su padre. Una historia que, dado el nombre y el gélido frío del paraje durante buena parte del año, encuentra en este espacio el escenario ideal para tan trágico argumento.

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