Ciudad de Ibiza, Patrimonio de la Humanidad.

Una Joya en el paraíso Balear.

Portal de Ses Taules
Cuando se habla de unas vacaciones en Ibiza, todos piensan en largas noches de fiesta en sus mundialmente conocidas discotecas o de playas paradisíacas con un ambiente desinhibido y, verdaderamente, todo eso es Ibiza. Pero no solo eso. Ibiza también ofrece al viajero un interesante patrimonio cultural. Prueba de ello es que su casco histórico, o Dalt Vila, fue declarado por la Unesco Patrimonio de la Humanidad. Conviene recordar que el recinto amurallado de la ciudad es unánimemente considerado el mejor conservado de todo el Mediterráneo tras el de La Valetta, en Malta.

Escalonada sobre un promontorio rocoso, junto al gran puerto ibicenco, el caserío va ascendiendo sobre la ladera siendo coronado por la modesta, pero enhiesta torre de la catedral. En definitiva, un conglomerado de construcciones, más o menos humildes, que ofrecen un conjunto muy armonioso. Como alguien escribió de modo muy clarividente, la ciudad de Ibiza, Eivissa en catalán, es una ciudad sin monumentos, aunque toda ella es un monumento. Ni siquiera la catedral, siempre un referente en cualquier otro lugar, aquí no deja de ser nada más que un discreto templo. Su única característica, por la cual destaca en su entorno, es que, al estar construida en lo más alto de la colina, su silueta es la que corona todo el casco histórico.
Panorámica de la ciudad de Ibiza.
Las mejores vistas de la ciudad son las que se obtienen desde la cubierta de los barcos durante sus maniobras de aproximación al muelle de amarre, o incluso desde el extremo opuesto del puerto. Desde esos puntos se aprecia el conjunto como una fortaleza inexpugnable que, tanto a la luz del día, como cuando la luz artificial ilumina sus calles, ofrece al viajero una de las estampas más fotogénicas.

Pero no hay que dejar de acercarse hasta la vieja ciudad y perderse por el dédalo de callejas que la configuran. Primero hay que recorrer el barrio de La Marina, ubicado entre las murallas y el puerto. Sus calles, muchas de ellas peatonales, se encuentran excesivamente animadas en temporada alta, pero si eliges otra estación del año para deambular por ellas, te sorprenderán las líneas que componen el paisaje urbano de las edificaciones.
Imagen de la calle Sa Carrossa.

Desde el mismo barrio de La Marina encontrarás la rampa de acceso hacia el portal de Ses Taules. Su nombre hace referencia a las tablas del puente levadizo que hay que salvar para acceder a la vieja ciudad. Una vez en Dalt Vila no renuncies a un pausado paseo sobre las murallas desde las que disfrutarás de unas magníficas vistas sobre el Mediterráneo. Al fondo, rompiendo la monótona línea del mar en el horizonte, descubrirás la silueta de la isla de Formentera. A tus pies, el acantilado sobre el que se levantaron las inexpugnables murallas.

Las murallas son de origen renacentista, siendo sus promotores Carlos I y Felipe II. Nunca llegaron a concluirse del todo, Incluso a punto fueron de ser destruidas en el siglo XIX bajo el fragor de los aires modernizantes. Solo la falta de dinero las salvó de tal tropelía. Hoy día muestra siete baluartes y varias puertas de entrada.
Patio de armas del portal de Ses Taules.
Por el interior de Dalt Vila disfruta con la infinidad de detalles que te ofrecen sus calles plazas o iglesias. Desde la Plaza de Espanya, además de su discreto Ayuntamiento, que ocupa los muros de lo que fue un antiguo convento, parte un pasadizo que, como por encanto, te transporta a otro nivel de la ciudad.

En la plaza de la catedral, el principal edificio es el que le da nombre. No obstante, como decíamos antes, no es gran cosa si la comparamos con otras de su categoría. Aunque del interior podemos decir otro tanto, no dejes la oportunidad de conocerlo. El encanto, en este caso, radica precisamente en su sencillez.

Es necesario pasear sin rumbo, curioseando por los intrincados vericuetos del entramado urbano, para descubrir multitud de encantadores rincones. La calle de Sa Carrossa o la Plaza de la Vila son buenos ejemplos, pero no los únicos.
Extremo del barrio de La Marina visto desde las Murallas.
El privilegiado enclave de la ciudad fue ya aprovechado por los antiguos pobladores. Prueba de ello es que otro de sus atractivos es la vieja necrópolis de Puig des Molins. Posee más de 3500 hipogeos, o tumbas subterráneas, y forma parte de los elementos declarados Patrimonio de la Humanidad.

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