Los secretos del Museo Arqueológico Nacional.

MAN, un espacio lleno de curiosidades.

En una ciudad en la que la oferta cultural es de primer orden, como es el caso de Madrid, que un museo sea capaz de destacar solo puede deberse a dos razones. Una de ellas es que los tesoros albergados posean un valor excepcional, y la segunda porque la originalidad de los objetos reunidos sean muy diferentes a los de la competencia. En el caso del Museo Arqueológico Nacional, MAN, se reúnen ambas condiciones. Por eso la visita a este espacio es muy recomendable, sobre todo tras el impulso recibido después de la reforma llevada a cabo entre 2008 y 2013.

El Museo Arqueológico Nacional se encuentra instalado en un edificio decimonónico situado en el número 13 de la madrileña calle de Serrano, justo detrás de la Biblioteca Nacional y próximo al llamado Triángulo del Arte. Tras la última reforma, en un espacio total de más de 20000 metros cuadrados distribuidos entre un sótano, una planta baja y otras cuatro superiores, se exponen nada menos que trece mil piezas.


Recorriendo sus salas el visitante puede hacerse una idea de cómo eran, y cuál era el modo de vida de quienes habitaron esta tierra que hoy llamamos España. Sus creencias, su cultura o las continuas guerras que fueron conformando la idiosincrasia de los pobladores actuales. Para ello, los organizadores del MAN han puesto a disposición de los visitantes más de cincuenta audiovisuales con los que se completan un total de 200 minutos de visionado.

Posiblemente nada tenga que ver el museo actual con el que impulsó, siguiendo la moda de otros países europeos, la reina Isabel II. Desde 1857, año de su fundación, la institución ha ido reuniendo obras que, debido a las desamortizaciones, guerras y abandono por falta de recursos económicos, corrían el riesgo de perderse para siempre. Eso, unido a las continuas investigaciones arqueológicas, han llevado al estado actual en el que detrás de los cristales de las más de 300 vitrinas se exponen piezas de un valor extraordinario.


Más allá de esta o aquella pieza, lo que el visitante se lleva tras los tres kilómetros de recorrido por el espacio museístico, es una visión de cuál ha sido la evolución del paso del hombre por la Península Ibérica desde la prehistoria. El conocimiento de como Fenicios, Tartesos, Griegos, Romanos..., fueron dejando su impronta en esta tierra mucho antes de la Edad Media, época en la que se fue configurando de forma incipiente el actual mapa geopolítico.

Todo este devenir de un pueblo queda representado por piezas tan conocidas como la Dama de Elche, la Dama de Baza, el Tesoro de la Aliseda o la Bicha de Bazalote. Pero más allá de la fama que algunas piezas del museo puedan tener, el MAN hay que valorarlo de forma global y, sobre todo, por la distribución con la que se ha organizado tan extraordinario conjunto de hallazgos arqueológicos.


Para obtener más información sobre los precios de las entradas o sobre los horarios de apertura del MAN, clica en los enlaces correspondientes.

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