Hervás, pueblo cacereño con una de las juderías más interesantes.

En el corazón del Valle del Ambroz.

Calle de Hervás, Cáceres.
Herencia del pasado multicultural que se vivió en la Península Ibérica, hace ya unos cuantos siglos, son los barrios judíos que encontramos en algunos pueblos y ciudades. Una de esas juderías, quizá la mejor conservada, es la que nos encontramos en la localidad cacereña de Hervás. Pasear por sus calles es retrotraernos a los tiempos en que los judíos moraban en nuestros pueblos con la tranquilidad que posteriormente fue trastocada a golpe de prejuicio. Su prosperidad económica quedó reflejada en un conjunto de callejuelas en las que la riqueza de unos pocos fue sustituida por el encanto de unos barrios creados con el esfuerzo de toda una comunidad orgullosa de su idiosincrasia.

Castillo de Peñafiel.

Un buque pétreo anclado en tierras Castellanas.

Entrada al Castillo de Peñafiel.
El castillo de Peñafiel, en la provincia de Valladolid, no es el primero cuya estructura es asimilada a la del cascarón de un barco. Tampoco será el último. Pero lo cierto es que en pocas ocasiones, como en ésta, la comparación puede ser más acertada. Posee una planta alargada y estrecha. Uno de los extremos, el norte, termina en una pequeña torrecilla cuan si de la proa de un navío se tratara. La planta en el extremo contrario, en cambio es achatada, como la popa que deja tras de sí una estala blanca en los mares que surca. En medio, en la zona más ancha que apenas alcanza los 35 metros, frente a los 210 de largo, se yergue vigilante, del mismo modo que la cabina de mando, la torre del homenaje.

Mallos de Riglos.

Icono de los escaladores en en el Alto Aragón.

Mallos de Riglos. Huesca-
Existen lugares en los que la naturaleza, siempre caprichosa. se muestra arrogante, provocando a los humanos con parajes extraordinarios. Pero el hombre, orgulloso a más no poder, no se conforma con ser partícipe de la belleza que le ofrecen, sino que, de un modo u otro, pretende dominarla. Los Mallos de Riglos muestran a la vista del viajero un paisaje extraordinario, vertiginoso y casi idílico. Pero el humano, desde tiempos remotos, ha mostrado su indomable interés por llegar hasta la cima de cada una de las agujas pétreas de estas singulares formaciones rocosas. Tanta soberbia ha dejado por el camino un reguero de escaladores muertos que mitifican todavía más este rincón oscense.

Cinco razones para visitar Formentera

La menor de las islas Pitiusas.

Submarinismo en Formetera (*)
Cuando uno se pone a escribir sobre Formentera parece ineludible hablar de sol y playas, leimotiv ineludible de cualquier información sobre el turismo Balear. Son éstas, buenas razones para visitar la isla, pero, como vamos a exponer a continuación, no son ni los únicos, ni tan siquiera los más relevantes argumentos para elegir este destino para unas vacaciones. La pequeña de las islas Pitiusas, con sus solo 83 kilómetros cuadrados de superficie, ofrece grandes atractivos naturales, tanto sobre tierra, como en el fondo del mar, que son muy propicios para la práctica de diferentes actividades deportivas. Para ello cuenta con una interesante red de establecimientos hoteleros de carácter familiar en los que la masificación de los grandes resorts que pueblan el Mediterráneo queda muy lejos.